Otro mandamiento menos

Que cerca estaís de mi cuando pensaís en abstracto, sin finalidad alguna, cuando concebisteis el infinito, cuando habeís aprendido a sumar infinitos términos infinitamente pequeños o a modelizar espacios de más de tres dimensiones (¡ah, las triesferas, si pudierais verlas como lo hago yo seriais casi dioses!). Si queridos, las matématicas son lo más parecido al arte divino que conoceis.

Pero también estaís muy próximos a mi cuando inventais mundos nuevos, cuando imaginaís historias, cuando creaís personajes que cobran vida aunque sea en la imaginación de otros. Creais como hago yo.

Y es que amo la inteligencia  y me emocionan los cuentos, las buenas novelas y las mejores películas. Y me viene a la cabeza una de esas pelis que habla de ésto que estoy diciendo: Big Fish del gran Tim Burton. ¡Grandiosa!.

Las mentiras no sólo son necesarias, son una riqueza que deberiaís agradecer a quien os las ofrece gratuitamente ¿como prohibir entonces la mentira? ¿Por que no seguir hablando a los niños de Santa Claus, del ratoncito Pérez, de la bruja Piruja o de Peter Pan? Las mentiras son también verdad cuando su objetivo es dar felicidad.

Las mentiras son necesarias para haceros pasar buenos ratos, para redecorar vuestro mundo, para preservar vuestra intimidad o para reconfortar vuestro ánimo cuando la realidad es demasiado cruda. Algunos idiostas son capaces, por un extraño concepto moral de la verdad, de decir a un moribundo que le quedan pocas semanas de vida. “Tiene derecho a saber la verdad”, dicen los muy dogmáticos. ¡Que no! A lo que tiene derecho alguien que va a morir pronto es a que se le engañe, a que se minore en lo posible su dolor y su angustia. Tiene derecho a la mentira. Es una cuestión de piedad.

Claro está que no tomeís nunca mis palabras fuera de contexto. No sólo afirmo que mentir no es pecado, sino que declaro que la mentira es, en muchas ocasiones, un acto moral positivo. Pero cuando la mentira se produce sólo para engañar al prójimo, para robarle una decisión que conociendo la verdad no tomaría y que produce beneficios egoistas al mentiroso, en ese caso, la mentira es una estafa, no un cuento, ni es piadosa.

Porque asi, sin más, los de negros podrían pensar que apruebo sus mentiras. Para nada. Las condeno rotundamente como dicen los políticos (por cierto los mayores mentirosos que hay después de los cuervos esos que llevan sotanas)No. Las mentiras de los de negro no están encaminadas a dar mayor felicidad a los humanos, sino a sembrar en ellos el miedo y la culpa. Taampoco tienen como objetivo reducir su angustia o sufrimiento, sino que pretenden utilizar esta angustia en beneficio propio. Sus mentiras son cuentos poco entretenidos y no tienen como finalidad embellecer vuestra existencia, sino adormeceros con ellos.

No. Los de negro son unos estafadores. Practican, no la mentira, sino el engaño interesado.  Y eso si es deleznable y me desagrada.

Desgraciadamente los estafadores abundan. Cada vez más. Incluso llegan a creer que tienen derecho a serlo. Y si por educación haceis como que os tragais sus engaños, se crecen. Es más, si por educación no les decís que no os creeís sus mentiras, piensan entonces “que listo soy, que tonto es éste o ésta”. Y además de engañaros pasan a despreciaros como si fuerais seres inferiores y eso les refuerza la idea de que tienen derecho a estafaros, ya que sois de otra casta inferior. Sucede lo mismo con los maltratadores. Si una mujer deja que su marido le desprecie y le maltrate (también sucede al contrario), éste la  infravalora  cada vez más puesto  que se deja maltratar y  da por buenos sus desprecios. Y finalmente le echa en cara (lo veo a menudo) lo “tomta que es”, y ella acaba por creérselo y por aceptar como justos sus desaires. Estoy describiendo el acoso moral (que se da tanto entre hombres y mujeres como entre mujeres y hombres). Pasa lo mismo con los engaños. No hay que dejar que te tomen por imbécil, que si lo hacen cada vez la cosa irá a más. Y, es verdad, si les decis de golpe que no os tragais lo que os cuentan se cabrearán (no aceptan la rebelión del que consideran inferior). Como los curas que quemaban a los herejes en la hoguera. ¡Habrase visto!, decían y dirían todavia hoy si nos dejaramos, ¡dudar de nuestros engaños!

Por cierto que  los de negro andan de nuevo montando su escándalo por lo del aborto. Como siempre ellos se apiadan de los que no han nacido pero dejan que mueran los que si lo han hecho. Me merecen mucho más respeto los antitaurinos que quieren proteger a los toros de la tortura ,que los que pretenden proteger a un cúmulo de células sin consciencia. Claro, que para estos desalmados la mayor parte de sus congéneres tampoco tienen consciencia y su derecho a la vida muy limitado (derecho a la infravida diría yo). Defienden a los fetos como defienden a los soldados que mandan a la muerte en guerras para que protejan sus privilegios,  o a los que pasan hambre o han ido al paro. Los fetos y la mayor parte de los humanos son para ellos simple “masa prescindible”. Y los defienden a todos por igual. Como inferiores que creen que son.

Vade retro

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3 comentarios to “Otro mandamiento menos”

  1. Andres Nin Pérez Says:

    Puf, Dios mio, vaya post más largo. La mentira es sin duda el peor de los pecados. Creo sin embargo que no haceis ejercicio de piedad divina al juzgar al mentiroso. No todo mentiroso lo hace por negar la verdad a sabiendas, como nos decían en el catecismo del Padre Ripalda. El mentiroso más peligroso es el que no es consciente de su mentira, el que la tiene tan asumida que cree sinceramente que es la verdad. A partir de ahí se lanza a la conversión de todo ser que pulula a su alrededor, tratnado de hacerle comulgar con las ruedas de molino que el cree no son más que dulces terrones de azucar.

  2. DIOS (el genuino) Says:

    Más larga es la Biblia y se han editado millones de ejemplares (aunque los Elementos de Euclides le gana, todavía hay sentido común en la Tierra).

    Yo no juzgo al mentiroso. Les tengo, al contrario, en gran aprecio si practican ese arte con bondad e imaginación.
    Yo detesto a los que utilizan la mentira para engañar o para estafar (políticos, curas y hasta compañeros de trabajo y jefes, por ejemplo)

  3. El manipulador « Apuntes electrónicos Says:

    […] hace unas semanas, leí un debate sobre la mentira entre Andrés y la divinidad. Al final del debate Dios mencionaba la mentira en el entorno laboral. Lamento disentir de Dios, […]

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