Creo que no me conoceis bien y pensais que soy un ser poco comprensivo e intolerante, uno de esos seres incapaces de ponerse en la piel de los demás y de entender las debilidades y los pecados ajenos. Os equivocais. Os pongo un ejemplo:
Uno de los pecados que más me repugnan es el de la pedofilia. No hay discusión: un pedófilo sólo es acogido en el infierno, y hasta Satanás le pone peros a la cosa y me dice que debo pagarle un plus por cada uno de estos tipejos que tiene que alojar. No he cedido a su chantaje -y eso que comprendo al pobre Satán- porque hay demasiados curas en el mundo, y me saldría por un ojo de la cara dicho plus.
Sin embargo recuerdo haber leido Lolita de Nabokov y sentí cierta lástima por el protagonista. Pero una cosa es la historia de Lolita, donde el prota lo pasa fatal por su amor enfermizo por una menor y otra muy diferente la práctica de determinados seres reales que abusan de su posición de europeos ricos para violar, con el consentimiento y aparente complacencia de las víctimas, a niñas de países del tercer mundo o incluso del primero, como presume haber hecho un crétino al que le hubiera gustado ser escritor (y se ha quedado en cantamañas insoportable), cuando no intelectual (que risa). Hablo de un tal Sánchez Dragó, católico converso, machista militante y cabeza visible de la no-cultura de la grande de España doña Esperanza Aguirre y del partido político ese que defiende tan a ultranza los derechos de los cigotos a la vez que arremete contra asignaturas escolares donde enseñan cosas tan terribles como que dos personas del mismo sexo puedan enamorarse sin que tiemblen los cielos.
A pesar de cogersela con papel de fumar en asuntos como el aborto o la homosexualidad, don Fernando no tiene reparo alguno en reconocer que se “tiró” en Tokio a dos niñas de 13 años, y que le volvieron loco. El muy desinhibido se rie además, porque el délito ha prescrito, así que no sólo lo puede contar ya, sino además presumir de la hazaña. ¡Pero que macho es fernandito!. Además, imagino, que no tuvo ningún reparo moral en tener sexo con dos menores que, a esa edad -13 años- podían dificilmente quedarse embarazadas. Porque seguro que le hubiera parecido fatal que una de esas niñas cometiera un crimen tan horrendo como deshacerse del feto que el había engendrado, que a don Fernando, de moral católica y bienpensante, le importan mucho los niños (los no nacidos, se entiende).
Menos mal que por aquí los délitos como ese no prescriben.
25 oct 2010 a las 6:58 pm |
¿Se puede decir hijo de puta en el cielo, Diosa?
25 oct 2010 a las 10:47 pm |
No es que se pueda decir es que se debe decir.
27 oct 2010 a las 7:15 pm |
Está la fiesta desbocada, aquí abajo. Coñoyá con el Plan Divino, oiga.