Como os he contado ya, en vuestro planeta hay mucho farsante y mucho mentiroso. Bueno, ya se que lo sabeís porque todos lo sois en mayor o menor medida.
Pero los hay que son especialmente caraduras, como los que consiguen engañaros a base de deciros que yo les he dicho que os digan que…¡Todo Mentira! Yo no necesito de portavoces. Cuando quiero decir algo, lo hago directamente, como ahora. A teclado descubierto.
Uno de esos jetas fue un tio con barbas que vivía en el desierto, que tenía demasiadas ambiciones políticas y muchas ganas de imponer su voluntad entre los suyos. Un dia se subió al monte, se tiró alli40 días elaborando un diabólico plan, y se bajó con unos tablas con diez mandamientos escritos, la mayor parte de ellos de lo más arbitrarios, cuando no gilipolleces auténticas. Y encima pretendía que se los había dictado yo. ¡Vaya morro!
El primero de ellos, apto solamente para amantes de culebrones venezolanos, lo puso para dar credibilidad a sus embustes: “Amarás a dios (osea a mi) sobre todas las cosas”.
Lo primero que tengo que decir en mi descargo es que yo no soy tan cursi como para usar el palabro amar. Teneís buenos poetas, pero Becquer no es uno de ellos.
Por otro lado, soy demasiado inteligente para exigirle a nadie que me quiera. Más que nada porque nadie puede querer a quien no quiere por mucho que se empeñe. Y luego, por otro lado, ¿a mi por que me iba a interesar que me quisierais? Encima sin conocerme. Conociéndome ya es otra cosa: lo imposible en ese caso es no quererme. Y con excepciones, que Satán me tiene un paquete que no veas.
Hay que ser estúpido para pretender algo asi. Decir que yo he ordenado eso es ponerme de idiota perdida. Un insulto, que eso si, eso no me gusta nada.
Pero el caso es que claro, os lo creisteis todo. También tuvo que ver en esa incredulidad el hecho de que a toda la panda de mandones que hay ha habido en el planeta, el que os creyeraís ordenes estúpidas como esas les venía muy bien: como sois incapaces de cumplirlas, vais por la vida “pecando” constantemente (o creyéndoos, pobres infelices, que pecais). Y luego, por eso mismo, os entran los remordimientos, os sentis culpables y cualquier desgracia o castigo que os impongan los mafiosos que os cuentan esos mandamientos, lo aceptais con resignación. Asi ellos van por la vida impunes totalmente. Diabólico el plan del mentiroso ese, como os decía.
El sexto y el noveno mandamiento son ejemplos que ilustran aun mejor esto de la culpabilidad y la dominación. Vamos a ver, razonad un poco: os he llenado de hormonas, os he diseñado con un juguete la mar de interesante e inofensivo para os divirtais gratis, os socialiceis y de paso, de vez en cuando, os reproduzcais. He dejado que nazcan en el mundo seres de una belleza casi divina como Ava Gardner o Ralph Fiennes, y va el Moisés ese y os cuenta ¡que no quiero que utiliceis el juguete, o que quiero que lo utiliceis poco o mal y sacandole el mínimo partido posible! ¿tiene sentido? Ninguno. ¿a que no? Pues eso.
El sabía que eran cosas imposibles de cumplir, tonto no era, no. Pero a cuenta de eso, de lo mucho que pecais contra el sexto y el noveno , se han llenado de oro las arcas de esos tios vestidos con faldas negras o con vestidos rojos de seda y muchos botones (que espantos! que mal gusto! que estrafalarios!). Los poderosos encantados. Vosotros a creeros culpables y a no sentiros dignos de reclamar nada. Por eso los pavos reales esos están tan firmemente apoyados (y financiados) por los riquisimos a costa vuestra, que son ya casi la misma cosa, una unión simbiótica de lo más provechosa para ambas partes: tu los calmas, yo te doy dinero.
Además de montar estos negocios, más sucios que los de los de los concejales de urbanismo españoles, los propagadores de esos falsos diez mandamientos, construyeron la red de espionaje más grande que nunca haya existido. Y de paso se lo pasan pipa, oyendo en sus confesionarios, mil historias escabrosas de arrepentidos de haberme ofendido. Los muy cínicos se permiten el lujo, además, de perdonar en mi nombre. Canallas. ¿En mi nombre? ¡Que os muestren un acta notarial en la que figure que yo les he delegado algún poder o función a esos mamarrachos!
Me caliento cuando pienso en que hice un mundo para que lo pasaraís bien y fuerais felices y veo que unos chiflados malas personas han conseguido convertir ese mundo en un lugar de padecimientos y miserias. Es que me pongo de muy mal café. No os quejeis luego si hay huracanes y tornados. La culpa la tienen esos tios que me provocan.
En todo caso, ya sabeis: el primer mandamiento queda abolido. Y esto sólo es el principio.
Etiquetas: mandamientos, moises
03 Oct 2008 a las 8:44 pm |
A algunas millas de la España de Josemari (vivo en en Buenos Aires) me topé con tu estupendo blog. Te felicito por tu manejo de la ironía. Me encantó tu modo de desarmar con humor y lógica algo tan ridículo como los mandamientos sexto y novenos.
06 Oct 2008 a las 5:21 pm |
Gracias Sebastián. Siempre es un gusto ver que hay humanos como tú!