Me costó mucho decidir a que especie animal le iba a conferir mi gracia divina. El perro siempre fue mi animal preferido (y me da lo mismo que también lo haya sido de dictadores con bigote, ¿entendido?). A espontáneo, agradecido, poco materialista y carente de artificios no le gana nadie. Sin embargo los chuchos son demasiado predecibles y algo simplones. Por eso, una vez descartados los chihuahuas, los yorkshires y los pastores alemanes, acabé decidiendome por los primates. Examiné con detalle a orangutanes, chimpancés, gorilas y homo-sapiens, para al final, creo que en un arrebato de esos míos, echarlo a suertes e insuflar en los humanos “el alma” (ni yo se lo que es eso, pero para que me entendaís).
He de reconocer que soy un poco despistada y pasé por alto a los bonobos (los hippies de la selva, ya sabeis), porque ahora creo que esa hubiera sido una elección más acertada.
El caso es que escogí a una pareja de homos algo más espabilados que el resto, que se hicieron llamar Adán y Eva, los adecenté un poco, poniéndolos de pie y pasándoles la epilady, y asi empezó vuestra historia.
Había un árbol y una serpiente en los alrededores y no se que follón se montó con una manzana. Follón en el que yo no tuve nada que ver. A partir de eso y de que a Adán le dió por levantarse todas las mañanas temprano y pasarse más de diez horas fuera de la cueva haciendo cosas aburridas, y de que a Eva la diseñé un poco estrecha de caderas (si la llego a hacer más ancha también hubiera protestado), me echaron a mi la culpa de que os hayais esclavizado y de que a las chicas les duela un poco eso de parir.
Yo lo intenté arreglar: os hice aprender física y os animé a inventar cosas como la rueda y las máquinas y los ordenadores, para que no tuvieraís que trabajar más que lo justo. También os regalé la anestesia epidural para que los partos no fueran dolorosos. Pero como sois así, muchos seguís empeñados en ir a la oficina y pasar en ella no se cuantas horas al día y encima ¡haciendo cosas absolutamente inútiles como escribir informes que nadie lee!. A otros os da por hacer cuentas y por obligar a los demás a que les sirvan, También las hay que prefieren tener los hijos sin anestesia. Mira que sois raritos.
Yo, que soy de natural buena gente, preferiría que en vez de trabajar os dedicarais a hacer cosas divertidas, escribir cuentos, pintar cuadros o hacer fiestas. Pues no, encima ahora a las chicas también les ha dado por salir a trabajar. Os prometo que cada día os entiendo menos.
Allá vosotros. Yo soy dios y no siquiatra.
Bueno, me voy a pasar el fin de semana a los confines de Orion, donde hay unas playas alucinantes de arena azul turquesa. Me acompañan un par de diablos bastante cachas, que me han prometido contarme chismorreos del infierno. Y más cosas.